El acueducto de Segovia, un viaje a través de los tiempos

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Acueducto de Segovia. Cuando uno pasea por el centro de Segovia, a primeras horas de la mañana, el tiempo parece deslizarse a otro ritmo. Especialmente, cuando tus ojos tropiezan con el niño mimado de la ciudad. El Acueducto de Segovia se alza como un guardián del tiempo. Humilde, sin grandes pretensiones. Sin saber el poderío que refleja. En pleno casco histórico, testigo de las idas y venidas de sus habitantes, desde hace más cientos de años. Hoy os descubrimos a esta joya española.

El acueducto de Segovia, estandarte de un imperio

El Acueducto de Segovia fue construido para transportar el agua del manantial de la Fuenfría, desde la Sierra de Guadarrama, hasta la ciudad de Seguoia. De hecho, es lo que significa, literalmente, el término en latín: aqua (agua) y ducere (conducir). Se cree que se construyó a finales del reinado de Trajano (en el siglo II d. C.), que fue, además, el primer emperador hispano y no romano.

En su época, se trataba de una construcción con funciones prácticas, pero ha perdurado como un ejemplo de los avanzados conocimientos de la Antigua Roma. De hecho, estos avances no hubiesen sido posibles sin las conquistas de Trajano en Dacia y Mesopotamia y la estabilización de la frontera oriental del Imperio.

La huella que éste dejo en la Península Ibérica es notable y el Acueducto de Segovia es uno de los mejores ejemplos. El recorrido cuenta con 167 arcos (en dos niveles en las zonas de más desnivel) a lo largo de sus más de los 800 metros de recorrido visible. Con una altura de hasta 30 metros en los el punto más alto, en pleno centro. De hecho, lo mejor es subir las escaleras de la Plaza de Azoguejo y apreciar la distancia al suelo desde lo alto. Una vista clásica con la sierra de fondo.

En su tramo urbano, con la Plaza del Azoguejo y la Plaza de la Artillería a cada lado, el Acueducto de Segovia parece dividir la ciudad en dos. Pero nada más lejos de la realidad. La estructura milenaria convive en perfecta armonía con el resto de la arquitectura local, sea de la época que sea.

La construcción del acueducto

Previamente a la construcción del Acueducto de Segovia o cualquier otro obra similar, los ingenieros romanos hacían un minucioso estudio del terreno. Después aprovechaban los desniveles, para diseñar el recorrido del agua. A pesar del paso de las estaciones, éste apenas ha sufrido modificaciones. Sólo ha sufrido daños durante el ataque contra Segovia de 1072, dirigido por el musulmán Al-Mamún de Toledo. Los 36 arcos afectados fueron restaurados en el siglo XV por Fray Juan de Escobedo, monje del Parral.

Al igual que el agua que conducía, los bloques de piedra granítica también procede de la cercana serranía. En los kilómetros desde el manantial hasta la ciudad, el agua viajaba a través de canales subterráneos. Después, al llegar a Seguoia, hacía su camino a través de un canal en lo alto de los arcuationes o arcadas.

El Acueducto de Segovia se divide en tres partes, en sus 16 kilómetros (sumando parte subterránea y visible). La zona extraurbana, de recogida del agua; la zona periurbana, de transporte, y la zona urbana, donde el líquido se distribuía por la ciudad. De hecho, en su entrada a la ciudad pasaba por un desarenador, para limpiarla de impurezas. El recorrido intramuros estaba constituido por arquetas, que a su vez se subdividían, para abastecer las fuentes y aljibes de las casas privadas. El canal finalizaba a la altura del Alcázar.

120 pilares sostienen los 167 arcos del Acueducto de Segovia. Estos están a su vez constituidos por sillares (piedras labradas en forma de rectángulo), de hasta dos toneladas de peso. Y… ¡están unidos sin ningún tipo de argamasa! Se sostienen en base a un estudiado equilibrio de fuerzas.

La leyenda de la aguadora

De acuerdo con el folklore local, el origen del Acueducto de Segovia se remonta a la siguiente historia. Hace muchos años, una muchacha segoviana que trabajaba como aguadora. La joven, cansada de tanto trabajar, hizo un pacto con el Diablo. Si el Maligno hacía llegar el agua hasta a su casa antes del amanecer, éste poseería su alma.

El Diablo trabajó duro y rápido, pero una tormenta terrible azotó la ciudad esa noche. Así, cuando el gallo anunció el nuevo día, le quedaba una piedra por colocar. Él perdió un alma y los segovianos ganaron un acueducto. Algunos dicen que aún se pueden ver los agujeros de las pezuñas del Maligno en las piezas de piedra. Aunque… quizá solo se trate de los huecos donde se colocaron los andamios durante la construcción.

Qué hacer en Segovia

Además de visitar el Acueducto de Segovia (gratuito salvó que se quiera realizar una excursión guiada), la ciudad ofrece muchos planes culturales y de ocio. Además de la exquisita gastronomía castellana, con el lechazo y el cochinillo como platos estrella.

Otros dos son los monumentos insignia de la ciudad además del Acueducto de Segovia. El primero es la Catedral, situado en la Plaza Mayor, junto al Ayuntamiento. Es de estilo gótico tardío y la primera piedra se colocó en 1525. La fachada principal es conocida como Puerta del Perdón. El interior está compuesto por 18 capillas que rodean la nave central. También cabe destacar las vidrieras, de las mejores del patrimonio español. Y cómo dato curioso… ¡el campanero vivió en la torre hasta el siglo XX! La entrada son 3€.

El trío de la Catedral y el Acueducto de Segovia, lo cierra el Alcázar. Muchos lo considera la proa del barco cuya forma parece adoptar la ciudad. Este castillo y fortaleza (una suerte de Hogwarts castellano) data del siglo XII y se convirtió más tarde en residencia real. En la actualidad, alberga un museo y el Archivo General Militar. Además de visitar el interior es recomendable subir a la torre, ya que las vistas son increíbles. La entrada general es de 8€, aunque hay descuentos para jubilados, estudiantes, niños y otros.

Además de estos monumentos es interesante pasear por la antigua judería, observar la muralla, admirar la curiosa Casa de los Picos… ¿Te quedarás con las ganas de visitar el Acueducto de Segovia y el resto de la ciudad?

El acueducto de Segovia, un viaje a través de los tiempos

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