El Ártico, una maravilla de hielo a punto de desaparecer

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Ártico. Seguramente cuando eráis pequeños, vuestros padres os llevaron alguna vez al zoo. Y os quedásteis boquiabiertos con los osos polares… Por desgracia, puede que en unos años ya no podamos verlos en su hábitat natural. El Ártico, uno de los ecosistemas más singulares del planeta, se derrite. Es un hecho. La capa de hielo es cada vez más escasa y delgada y las consecuencias de su desaparición pueden ser terribles para todos. Os hablamos de esta joya… que debemos tratar con respeto.

El Ártico, un lugar de otro planeta

El Ártico, como todos sabéis es es una región polar, ubicada en la parte más septentrional de la Tierra. El nombre proviene del griego y significa «cerca del Oso norteño». Esto se puede referir a las constelaciones de la Osa Mayor y la Osa Menor. Aunque los vikingos ya lo exploraron, no fue hasta el Renacimiento cuando comenzó la exploración «masiva» de la región. Sería en 1909 cuando el americano Robert Peary alcanzaría por primera vez el Polo Norte (aunque en la actualidad muchos dudan de la veracidad de la hazaña).

El territorio lo conforman el Océano Ártico, y partes de Alaska (EEUU), Canadá, Finlandia, Groenlandia (Dinamarca), Islandia, Noruega, Rusia y Suecia. Sin embargo, ningún estado «posee» el Ártico. Los seis países con acceso directo al océano están limitados a una zona económica exclusiva (ZEE) de 200 millas náuticas (370 kilómetros) frente a sus costas.

Un ecosistema especial

La tierra del Ártico esta cubierta por una capa de nieve y hielo, que varía de estación a estación. Asimismo, las aguas que lo rodean pueden albergar icebergs temporales en distintas épocas del año. El clima se caracterizan por temperaturas extremadamente bajas… ¡con -40  grados de media en invierno! Curiosamente, a pesar de albergar una gran cantidad de agua en forma sólida, apenas hay precipitaciones y la mayoría de las veces son en forma de nieve. Además, los veranos cuentan con largos periodos de luz solar (el denominado «sol de medianoche»), pero los inviernos son terriblemente oscuros.

La flora y fauna del Ártico es un claro ejemplo de cómo la naturaleza se adapta a las condiciones más adversas. La vegetación ártica está compuesta por plantas pequeñas como arbustos, líquenes y musgos, que crecen formando extensas tundras. Los árboles no pueden desarrollarse aquí, ya que las raíces no pueden atravesar la capa de permafrost (que está siempre congelado).

Algunos de los animales terrestres son el caribú, el zorro ártico o el oso polar. Entre las especies marinas cabe destacar las focas, las orcas o las ballenas barbadas. Incluso ha habido poblaciones indígenas que se han adaptado a la duras condiciones de supervivencia. Para ello, han desarrollado características como un cuerpo compacto y robusto, para almacenar más calor. Los más famosos son los esquimales o inuits, aunque en la actualidad muchos viven del turismo.

El Ártico en peligro

Debido a las corrientes marinas, el Ártico se ve afectado por contaminantes que viajan largas distancias. El hielo no es tan «puro» como el de la Antártida. De hecho, en algunos lugares las concentración de los mismos supera los niveles de las grandes urbes. Estos se acaban traspasando a los organismo locales, las poblaciones originales de inuits o a los animales y plantas. El cambio climático y la subida de las temperaturas podría suponer la desaparición permanente de la capa de hielo en menos de un siglo. O puede que incluso en unas décadas.

Otro problema acuciante es la explotación de gas y petróleo de la zona. Y es que un accidente provocaría una contaminación de los fondos costeros durante decenas de años. Por desgracia, hace unos meses, un tribunal de Oslo avaló la actividad de 13 empresas en el Mar de Barents (en pleno círculo Polar Ártico). La denuncia de ONG como Greenpeace cae en saco roto. Por desgracia, los grandes beneficios económicos que aporta a los implicados dificulta la probación de leyes que protejan este espacio natural.

Visitar el Ártico

Dado que el área que abarca el Ártico es tan amplia, son muchas las opciones para pisar esta tierra que ha atraído siempre a los aventureros. Si quieres realizar un viaje más convencional, basta con que visites las regiones norteñas de los países que conforman el Círculo Polar Ártico. Los paisajes son de infarto: las cascadas islandesas, los fiordos noruegos, las costas siberianas… La lista de actividades de ocio y cultura son extensas. Puedes disfrutar del legado vikingo, deportes como el kayak o excursiones a volcanes.

Sin embargo, ten en cuenta que los países nórdicos son caros, por lo que trata de ahorrar y mirar vuelos y alojamiento con antelación. Sobre todo en verano, a menos que te decantes por apuntarte a la «caza» de auroras boreales en invierno. Asimismo, la región del Ártico requiere llevar ropa para un clima cambiante, siempre más cercano a las bajas temperaturas.

Cruceros por las aguas árticas

Sin embargo, la opción más exclusiva (y cara) es realizar un viaje en barco por las aguas del Ártico. La opción «barata» (unos 400 euros) es hacer una excursión de unas horas en alguno de estos buques. El mayor atractivo de este tipo de viaje por el Ártico es admirar el espectáculo que la naturaleza ofrece. Maravillarse bajo las ondeantes auroras boreales, otear las colas de las ballenas, admirar los icebergs y los muros de hielo, encontrarse con el esquivo oso polar… Para hacerlo, existen diferentes opciones de viaje en barco.

La primera es navegar a bordo de un rompehielos. Las salidas son muy, muy escasas a lo largo del año. Suelen incluir las rutas más emblemáticas, como los Pasos del Noreste y Noroeste. Su exclusividad se refleja en su precio (hasta 30.000 euros). A pesar de ello, son viajes salen hasta con dos años de antelación a la fecha de salida y que se agotan rápidamente.

También se puede visitar el Ártico en barcos de expedición polar. Estos cuentan con numerosas salidas con destino a las Islas Svalbard y Groenlandia. Son bastante más «económicos» que los primeros (entre 3.000 y 6.000 euros por una quincena), de ahí su popularidad entre los viajeros. Lo ideal es adquirir el billete entre 8 y 9 meses antes del comienzo de la aventura.

Sentirse como un capitán

La última posibilidad, es para aquellos que quieran sentirse como los pioneros exploradores del Ártico, navegando en velero. De hecho, el principal atractivo es cooperar con la tripulación. Por lo tanto, la experiencia en el manejo naval es imprescindible. También tienen lugar alrededor de las Islas Svalbard y Groenlandia. Al igual que con los rompehielos, las salidas y plazas son muy limitadas, dado el tamaño de los veleros. Para encontrar disponibilidad, lo ideal es cerrar el viaje un año antes de la expedición.

¿Y tú? ¿Visitarías el Ártico?

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